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La llanura: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Volaba la imaginación del caminante en sus recuerdos de otros tiempos. Eso fue en el último artículo. No diremos que anduvo el caminante por los Cerros de Úbeda, sino por las llanuras y colinas de Criptana, que en nada desmerecen. Hay que reconocerlo: Ciertas imágenes y evocaciones de la niñez y de la juventud permanecen por siempre, y años después, muchos años después, cuando todo y todos han cambiado tanto, parece muchas veces revivir el recuerdo, en un paisaje, en un cielo interminable, o en una llanura infinita. A lo mejor al final de todo, cuando ya los años han ido pasando, queda la nostalgia por lo que fue y ya no es, y nostalgia quedará por lo que es y ya no será. Idealiza el caminante sus pasados, y en ellos las paredes encaladas eran más blancas y relucientes que un rayo de sol, y los árboles más verdes que hoy, y los campos más floridos, y la vida, a lo mejor, más tranquila y pausada. No cambia el reloj su paso, pero si parece que antes las horas avanzaban con más lentitud, y que ahora van más rápidas, tanto, a veces, como uno de esos talgos que cruza la llanura entre Alcázar y Criptana… ahora viene, lo ves y ya no lo ves.

Desde más lejos aún: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Se quedó el caminante junto a la carretera de Nieva, o CM-3105 (seamos en esto de las nomenclaturas cuidadosos), más o menos en el kilómetro 12, allá por el paraje ondulado de el Quintano. Mira el caminante y ve allí cerca la Casa del Quintano, casa hermosa y de una elegancia rural como pocas. Está el caminante allí aún en término de Alcázar de San Juan, pero a poco que avance entrará en el de Campo de Criptana. Sigue adelante. El kilómetro 11 ya está en Criptana, y allí está el paraje de El Polvorín, toponimia nueva que se encuentra en los mapas mas modernos pero no en el del Instituto Geográfico Nacional de 1886. En él, se ve el camino por el que hoy va la carretera de Nieva, el Camino de la Puente Bermeja, pero los parajes adyacentes aparecen innominados. Tienen la geografía y la toponimia un cierto horror vacui que les lleva a poner nombres a todos los parajes y lugares, y a todos los rincones posibles, pero estos parajes son la excepción en el mapa de 1886: No tienen nombre.

Un poco más allá se encuentra el Campo de Nieva, y algo antes el lugar llamado Pozo Felipe, entre la carretera y el Camino del Portillo del Arcediano. Estamos en plena llanura verdeante de viñedos despampanantes. Hay que reconocer que esta primavera va a ser histórica en verdes y en colores, y en vitalidad. El caminante, en esto, siempre se deja impresionar.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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