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Estaba el caminante ayer en el polígono frustrado, aquel situado al norte de la vía férrea, entre ella y la N-420. Hace algunos días que no sale de allí el caminante, que permanece en sus calles vacías, como paradas en el tiempo… y se ha cansado ya de pisar alquitranes inútiles y vanos. Mira hacia el oeste, y empieza a caminar. Busca los campos, y las tierras, porque sus pies quieren encontrar la naturaleza. Y se halla, así como quien no quiere la cosa, en el paraje llamado “La Calderina”. Le gusta al que escribe este topónimo, “Calderina”. Es nombre sonoro y cantarín y colorido… es topónimo, que, mire usted por dónde, aparece en los mapas modernos pero no en el mapa del Instituto Geográfico Nacional de 1886.

En el Camino del Pozo del Albardial: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Lo cruza el viejo camino del Pozo del Albardial. En el mapa de 1886 el camino aparece completo. Viene de entrar en el término criptanense desde el de Alcázar, y va casi paralelo a la vía del ferrocarril, y continúa, y llega en el viejo mapa hasta la criptanense calle del Sol. Hoy el polígono vano se ha tragado buena parte de este camino. Estará bajo los alquitranes y cementos, suponemos. Era un camino histórico, camino de siempre. Imaginemos cuántas historias desaparecieron con él, cuántas historias de viajes y de viajeros de otros tiempos, porque, en el fondo ¿qué es la vida sino un infinito viajar? Ya lo dijo Claudio Magris… lo del infinitivo viajar. Hoy lo que queda del Camino del Pozo del Albardial está asfaltado, pero no como carretera, sino como camino con pretensiones.

La Cañamona: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Lo seguirá el caminante y se saldrá del término criptanense para encontrarse, de repente y por sorpresa, en tierras de Alcázar de San Juan. Dejará a su derecha, conforma avanza por ese camino, una tierra que parece humedal, tierra que, quizá, en otros tiempos fue un poco pantanosa. Y mira hacia el norte ahora el caminante. Ve la carretera, la N-420. Y toma en sus manos ahora el mapa del Instituto Geográfico Nacional de 1886. Aún no había carretera. Aún entonces los viejos caminos servían de comunicación entre Alcázar de San Juan y Campo de Criptana. El camino de Alcázar de San Juan a Campo de Criptana, al sur de la línea férrea; el camino de los Siete Molinos al norte, y también al norte el Camino del Pozo del Albardial, y también el Camino de la Era de Monego. Polvorientos caminos en verano, embarrados en invierno, vieron siglos de viajes en carros y carretas, en galeras también, y también a pie, o a caballo. La carretera, la N-420 los sustituyó a todos, pero de vez en cuando por ellos aparecen espejismos, como viajeros de otros tiempos… de vez en cuando las historias reviven y los caminos vuelven a recuperar su vida. Eso piensa el caminante. Y piensa que sus pies hoyan tierras muy transitadas, y así, a lo mejor, se convierte en capítulo más de la historia.

También en La Cañamona: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Mira ahora el caminante al otro lado de la carretera, de la N-420, y ve allí unas ruinas, y una arboleda. Ubi sunt?… los viejos esplendores, los tiempos en que aquellas ruinas tuvieron vida cotidiana, y su hogar siempre tenía su fuego encendido, y olía el caminante, no podía evitarlo, olores de guisos manchegos que de su cocina salían… a lo mejor gachas, a lo mejor migas… Hoy, mira, es patria casi exclusiva de conejos, conejos por aquí, conejos por allá, y su paraje horadado por mil y una madrigueras. Mira el caminante hacia la Cañamona, y se da cuenta de que el paraje está ya en tierras de Alcázar de San Juan… pero por poco no está en el de Criptana.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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