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Ha sido larga, muy larga (lo reconoce el que escribe) la ausencia de artículo cotidiano en este blog. Se interrumpió allá por julio, y hasta hoy nada nuevo ha añadido el que escribe a los dos mil y pico artículos hasta entonces publicados. Ha habido quien se ha interesado por las razones de esta ausencia. No hay una razón propiamente dicha; a lo mejor son muchas; a lo mejor es algo indefinido, que es como decir que ni es una ni son muchas. La razón, la principal, es que pensó el que escribe que nada nuevo tenía que decir, y que escribir por escribir no merecía la pena. Así, ha enmudecido este blog hasta el día de hoy. Hoy ve el que escribe que cosas nuevas tiene que decir, que no va a escribir por escribir, que no va a dejar un artículo vano, un artículo chisgarabís, un artículo de relleno, sino que va a contar algo…

No sé por qué, pero hace unos días me vinieron al recuerdo los viejos tiempos de cine y pipas, los tiempos en que en Criptana aún había cines, con dos sesiones y todo, en sábados y domingos, que no es moco de pavo. Conoció el que escribe dos cines de invierno, el de Ramón y Piedad, o sea, el Rampie, y el del Teatro Cervantes. Y además había de verano como el Capitol. Y tenían sus carteleras como debe ser en el mundo del cinematógrafo… el Rampie en su fachada de la calle de la Reina y el Capitol en la calle de la Virgen. Y así uno sabía lo que “echaban”, porque las películas se “echaban”. Uno era asiduo al Rampie, a la primera sesión, y allí vio uno la serie de Maciste, y muchas otras extrañezas más, como “Retrato en negro de la burguesía”. Butaca, anfiteatro, general, o gallinero, a elegir. Tiempos eran de ritual de pasar primero a Juandela a aprovisionarse de pipas y chuches… tiempos eran todavía de Nodo ya entonces anacrónico, fuera de lugar, como una burbuja en el tiempo en el espacio. Era el Nodo entonces como la obertura de una ópera… anunciaba que comenzaba la sesión y que había que acomodarse. En eso, hay que reconocerlo, resultaba muy útil.

Hoy Campo de Criptana ya no tiene cines, ni de invierno ni de verano. Pero tuvo en otros tiempos su particular Hollywood cuyos últimos retazos alcanzó a conocer el que escribe, aunque de algunos de ellos conserve un recuerdo fugaz, imágenes que van y vienen tan repletas de nostalgia que es imposible diferenciar realidad y fantasía.

Veamos cuántos cines tuvo Campo de Criptana allá por 1956. La noticia la encontramos en el Anuario del cine español de ese año, en su página 586. Comienza diciéndonos este anuario que tenía Campo de Criptana entonces 15.761 habitantes, y para ellos se recogen cuatro cines con datos sobre la empresa, el aforo y los días de funcionamiento.

TEATRO CERVANTES
Empresa: Juan García Sánchez
Aforo: 612 localidades
Funciona sábados, domingos y festivos

IMPERIO (de verano)
Empresa: Julián Arteaga
Aforo: 550 localidades
Funciona tres días a la semana

RAMPIE
Empresa: Julián Arteaga Rubio
Aforo: 775 localidades
Funciona dos días a la semana
Apertura: Mayo 1942

PARQUE CINE IDEAL (de verano)
Empresa: Juan García Sánchez
Funciona diariamente

Tal era, pues, la oferta cinematográfica en el Campo de Criptana de 1956. Vemos que dos empresas, las de Juan García Sánchez y de Julián Arteaga Rubio, eran propietarias de los cuatro y que cada una de ellas tenía uno de invierno y otro de verano. Pero hoy ya no hay carteleras en Criptana, hoy los viejos rollos de la sala de proyección ya están quietos, tranquilos, dentro de sus latas. Quizá andan por algún desván, evocando, en sí mismos, tiempos mejores del celuloide criptanense.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO