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Goterales (Notre Dame de París): Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2016)

Siempre he oído hablar de él, pero creí, sinceramente, siempre, que era cosa de chanza, broma pasajera perpetuada desde época inmemorial, invento a la ligera, y más cosas que no es oportuno seguir desgranando aquí. Pero existe… y es cuando uno de se da cuenta de que, cuando el río suena, agua lleva, y que tanto oír y oír hablar de él, es porque existe. Es el… ¡impuesto de goterales!

Veamos, primero, qué son los goterales. Es cierto que la palabra habla por sí misma, pero es curioso constatar que ni «goteral» en singular, ni el plural «goterales» (porque bien podría ser palabra usada sólo en plural) están recogidos en el DRAE. Buscaremos en vano en diccionarios de la lengua española anteriores, pues tampoco las encontraremos. Pero uno se puede imaginar cuál es su significado, aunque sólo sea por su evidente relación etimológica con «gota». Un goteral son las aguas que de las casas (sus tejados, por ejemplo) caen en la vía pública. Es ingeniosa, hay que reconocerlo, la ocurrencia de cobrar un impuesto por tal concepto y es, sin duda, resultado del discurrir mucho y con profundidad. Pero ciertamente resulta, digámoslo así, un cosa un poco surrealista… casi dadá.

Es un impuesto que ha existido desde que hay memoria, y no sólo en Campo de Criptana, sino también en todos los pueblos de la provincia, y quizá también de fuera de la provincia, pero esto no lo puedo asegurar. Lo cierto es que hoy traigo varios testimonios escritos. El más antiguo que conozco (aunque puede que los haya más antiguos aún) data de 1920. Se trata de un anuncio de subasta pública de los arbitrios e impuestos municipales de Ciudad Real, en el que se especifica que entre ellos están:

…sobre canalones y goterales, tránsito rodado y circulación de vehículos, inspección veterinaria de establos, perros, rejas salientes, carruajes de lujo y casinos y círculos de recreo.

Observemos que aquí se cruza el límite de la realidad, e incluso se impone un impuesto por rejas salientes. Es, hay que reconocerlo, toda una genialidad. Lo encontramos así en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real del 26 de julio de 1920. Si seguimos adelante en el tiempo, encontraremos siempre el impuesto de «goterales», pero siempre unido al de canalones, por lo que parecen configurar un solo concepto. Había, incluso, un padrón de goterales y canalones, como en Santa Cruz de Mudela (Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 8 de abril de 1942).

Pero nos venimos ahora a Campo de Criptana, donde este impuesto existe desde antiguo. Elegimos, al azar, un ejemplo, en este caso de 1960. Es un anuncio publicado por la alcaldía de Campo de Criptana, en tiempos del alcalde José González Lara. Apareció en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 2 de noviembre de ese año. En él se da un plazo para la:

… «cobranza voluntaria de recibos de arbitrio municipales sobre riqueza urbana, riqueza rústica, casinos y círculos de recreo, desagüe de goterales a la vía pública, rodaje y arrastre de vehículos, entrada de carruajes en edificios particulares y muestras, correspondientes al cuarto trimestre del año actual.

Vemos que aquí ya no aparece el par «canalones» / «goterales», pero para el caso es lo mismo, porque el impuesto no cambia.

Al que escribe, no puede dejar de confesarlo, esto del impuesto de goterales le parece una tomadura de pelo. Bien es cierto que, si ha durado tanto y dura, es porque resulta muy rentable… tanto, al menos, como inmensa es la paciencia de la ciudadanía.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO