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Es la herrería arte arcano, arte de transmisión familiar, arte que pasa de padres a hijos, y a nietos, arte lleno de secretos para quienes no alcanzamos a entender cómo tales obras pueden salir del hierro, cómo material tan duro puede dejarse moldear así. Por eso digo que es tan arcano tal arte. Reconoce el que escribe, además, que no sólo considera un arte arcano la herrería, sino que tampoco comprenderá nunca por qué vuela un avión, o por qué un interruptor enciende o apaga una luz, o cómo por el aire pueden desplazarse datos por nuestras wifis. Son misterios que uno, lo reconoce, nunca entenderá, por mucho que se lo expliquen. Las herrerías criptanenses las veíamos ayer. Eran muchas, pues era gremio necesario para la vida cotidiana. Y todavía lo es. Suponemos.

Retomamos donde lo dejábamos ayer, a saber, en la “h”, a partir de los datos que nos proporciona la Guía industrial y artística del centro: Madrid, Ávila, Ciudad Real, Cuenca, Guadalajara, Segovia, Toledo, publicada en 1930. Seguimos con los apartados dedicados a hierros (almacén de), hojalaterías, hoteles y huéspedes (casas de):

Hierros (Almacén de):

R. García
Muñoz Hermanos

Hojalaterías:

Francisco Cuadra
Marino Díaz
Gregorio Velas (sic, ¿o Vela?)

Hoteles:

José María Quintana

Huéspedes (Casas de):

José López

Y de nuevo encontramos aquí un oficio ya hoy, suponemos, desaparecido. Es el de las hojalaterías, oficio de hojalateros, en otro tiempo figuras fundamentales de la vida cotidiana. Una hojalatería puede ser, o bien un taller en el que se trabajan las piezas de hojalata, o bien una tienda dedicada a vender objetos de hojalata. Y la hojalata es, según el DRAE, una:

Lámina de hierro o acero, estañada por las dos caras.

No es palabra muy antigua en nuestra lengua española ésta de “hojalata”, y sus derivados, como “hojalatero”. Aparece la familia de palabras por primera vez en nuestros diccionarios en el de Ramón Joaquín Domínguez, Diccionario Nacional o Gran Diccionario Clásico de la Lengua Española, Madrid 1853. En éste nos llama la atención una acepción curiosa del término “hojalatero”, además de las esperadas en referencia al material en cuestión:

Apodo que, durante la guerra que Carlos María Isidro de Borbon sostuvo contra su sobrina Isabel II, se daba á los partidarios de aquel, que á pesar de estar en la facción, pasaba holgando en los pueblos, sin batirse, dejando este cuidado á los demás compañeros, contentándose con repetir “hojalá (sic) se acabe luego esto, hojalá (sic) ganemos”.

Aquí, con los “hojalateros”, dejamos el artículo de hoy. Mañana seguiremos.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO