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Traigo hoy una noticia, la del fallecimiento de una centenaria, que en nuestra época no habría llegado a los periódicos; tengamos en cuenta que actualmente la esperanza de vida en España se sitúa entre los 75 y los 80 años. Sin embargo, a finales del siglo XVIII, alcanzar la edad de los 100 años era algo muy raro, y eran muy pocos los que llegaban a ella. Muestra de la rareza del hecho es que aparezca reseñado en un periódico de la época. Es el caso de María Muñoz Alarcos, que vivía en Manzanares, aunque era de Campo de Criptana. La noticia se publicó en el Mercurio Histórico y Político, Marzo de 1779 (págs. 301-302). La reproduzco manteniendo las peculiaridades gráficas de la época (obsérvense, especialmente, grafías como “estubo” y “tubo”):

El 15 del precitado mes [Enero] murió en la Villa de Manzanares Maria Muñoz Alarcos, natural de la de Criptana á los 100 años y 5 meses de edad. Su complexion era tan robusta que á los 90 iba diariamente por las Aldeas buscando frutas para llevarlas á vender á su propio Pueblo. Hasta el fin de su vida se manejó con mucha agilidad sin necesitar de auxilio alguno para sus haciendas caseras, y hasta los 8 dias antes de fallecer se ocupaba en hilar estambre, que era su labor regular. Conservó siempre expedito el uso de sus sentidos, á excepcion del oido que se le entorpeció algo en el último año. Estubo casada con Marcos Martin, Escribano, y tubo 10 hijos, 7 nietos, 21 biznietos, y un tataranieto. De los primeros viven una hija de 70 años, y un hijo de 78.

Como ya he dicho en la introducción, era el de esta mujer un caso casi único en la época. Téngase en cuenta, además, que en esta época el índice de mortalidad infantil era muy elevado; y los pocos que sobrevivían a la infancia se enfrentaban a enfermedades como la tuberculosis, la difteria, a las diversas epidemias que de vez en cuando azotaban a la población o, incluso, a la desnutrición y a las duras condiciones de vida. Sin embargo, la gran catástrofe del siglo XVIII fue la viruela. Era, pues, casi un milagro sobrevivir hasta los 50 años. En la época de la que estamos hablando, la esperanza de vida media en el interior de España era de unos 25 años, siendo la tasa de mortalidad de alrededor de un 40%. Con esta situación, la coexistencia de cinco generaciones, como se da en el caso aludido, era un fenómeno casi imposible.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO