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Por aquellos felices y locos años veinte, años de desenfreno y de alegría, el hielo se había ido convirtiendo en artículo de primera necesidad. Los tórridos veranos incitaban al consumo de productos fríos, bebidas y helados, y ello hizo que proliferaran por toda La Mancha fábricas de hielo, que, además, también solían dedicarse a la elaboración de refrescos, especialmente gaseosa. Un ejemplo de la importancia que iba adquiriendo el hielo en la época es el artículo titulado Las bebidas frías y el hielo que se publicó en el semanario regional manchego La Voz del Distrito, año XIII, núm. 610, del 5 de Julio de 1929:

El uso de las bebidas frías es de un uso general en el estío en todas partes donde el calor excita la sed y el gusto de comer y beber las cosas frescas. Lo más natural y corriente es refrescar el agua potable y el vino sumergiendo las botellas que los contienen en cubos de agua más fría, aunque sea impotable como la del pozo; pero la falta de estos, sobre todo en las casas de las ciudades han generalizado el uso del hielo que antes se aplicaba solo el natural y que hoy se usa principalmente el artificial que la industria produce en cantidades enormes.

El consumo de gaseosas, cervezas, naranjadas, limonadas, mantecados, granizados y otras bebidas heladas en la época del calor da motivo á la fabricación del hielo artificial, que se produce en todo tiempo como elemento esencial para la conservación de alimentos.

Y surge ahí uno de los problemas más acuciantes en la época: la necesidad de aplicar un estricto control higiénico del agua utilizada para el hielo. Dice al respecto el artículo que el agua:

… debe ser absolutamente pura, tanto químicamente como bacteriológica. La salud pública exige que las autoridades vigilen asiduamente la fabricación del hielo para que usen aguas previamente filtradas y esterilizadas.

Ese mismo año de 1929, el ayuntamiento de Campo de Criptana dio permiso para la instalación de una fábrica de hielo en la calle del Convento. Pero alguien no estuvo conforme con esta decisión, y la recurrió en los tribunales. A ello hace referencia el anuncio que publicó el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del lunes 9 de septiembre de 1929.

D. Francisco Casero Escribano, vecino de Campo de Criptana, ha acudido a este Tribunal iniciando recurso contencioso-administrativo contra el acuerdo de la Comisión Municipal Permanente del Ayuntamiento de dicha villa, autorizando la instalación de una fábrica de hielo en la calle del Convento y se hace público por medio del presente para conocimiento de los que tengan interés directo en el asunto y quieran coadyuvar en él a la administración.

Ciudad-Real 5 de Septiembre de 1929.- El Secretario, A. Gonzálvez.

No debía de ser esta fábrica de hielo una excepcionalidad, puesto que, como ya he dicho, por aquella época se producía hielo en la mayoría de los pueblos de La Mancha. Por ejemplo, el periódico toledano El Castellano, del 28 de junio de 1929, publica un anuncio de venta de una fábrica de hielo y de otra de gaseosas, «con 5.000 envases y bastante clientela, todo funcionando perfecto estado», que estaba situada en la calle Ricas, 10, de Consuegra.

Ya después de la Guerra Civil, encontramos en el periódico Lanza (31 de agosto de 1946), publicidad de una fábrica de hielo en Campo de Criptana:

EL OSO BLANCO

Fábrica de hielo, gaseosas y sifones

INDUSTRIAS MANCHEGAS, S. L.

Teléfono, núm. 33

Dirección telegráfica: INDUSMAN

CAMPO DE CRIPTANA

La misma empresa tenía también la fábrica de harinas «La Espiga».

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO