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"Árboles": Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

«Árboles»: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Volvemos hoy al Campo de Criptana de mediados de los años ochenta del siglo XIX, época en que era alcalde de la localidad Miguel Molero.

No era excesivamente abultado el presupuesto que manejaba la institución por aquellos años y, por tanto, no daba para mucho.

Aquel año 1884 se dedicó una cantidad de dinero a gastos relacionados con el ornato público: la plantación de árboles y el arreglo de farolas. Veremos ahora en concepto de qué se abonaron esos dineros, a cuánto ascendieron las cantidades pagadas y a quién se pagaron.

Sabemos por el extracto de la sesión ordinaria del Ayuntamiento de Campo de Criptana, celebrada el 25 de febrero de 1884 (Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 28 de marzo de 1884), que el Ayuntamiento había promovido la plantación de árboles. Al parecer, se habían remitido 425 plantas de árboles desde Aranjuez, por lo que se acordó el pago de 586 pesetas y 50 céntimos a Eusebio Moreno. Hacía falta plantarlos, y para plantarlos se requería agua, además de otras labores que van aparejadas a todo trabajo de jardinería. El agua la proporcionó Bernardo Alarcos, en ocho cubas que supusieron una cantidad de 20 pesetas que le fueron abonadas por el ayuntamiento. Después se dice que estos árboles irían destinados al decoro de paseos públicos, aunque en el casco urbano criptanense de aquella época no había demasiados espacios públicos abiertos en los que pudieran plantarse árboles, y el concepto de parque y jardín, tal y como lo conocemos hoy, parecía estar ausente en el Criptana de aquella época. Los espacios principales de arbolado comenzaron a surgir a medida que el casco urbano fue expandiéndose, por ejemplo, los tres paseos paralelos que, hacia el sur, convergen con la línea férrea o con los parques públicos que ya en pleno siglo XX comenzaron a implantarse también en zonas de expansión.

"Árboles": Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

«Árboles»: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Ya tenía Criptana por aquel entonces un sistema de alumbrado público, como demuestra el hecho de que el en aquella sesión ordinaria se acordase el pago de 20 pesetas a Fermín Hernández en concepto de las «composturas» que había hecho en las farolas. No sabemos qué quiere decir exactamente el texto con el término «compostura», pues puede referirse a varios tipos de trabajos, según el DRAE. Así, puede ser la «construcción y hechura de un todo que consta de varias partes», es decir, la fabricación misma de las farolas; también, en segunda acepción, puede ser el «arreglo de una cosa descompuesta, maltratada o rota». El mantenimiento de las farolas parecía ocasionar muchos gastos y quebraderos de cabeza al ayuntamiento criptanense. En la sesión ordinaria del día 3 del mes de diciembre de 1883 se había acordado otro pago, también a Fermín Hernández, de 45 pesetas con 25 céntimos en concepto de la «recomposición» de 108 farolas y varios depósitos del alumbrado público (Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 25 de enero de 1884). Fermín Hernández era uno de los dos hojalateros que había en Campo de Criptana por aquel tiempo. El otro era Peregrino Pizarro. Con este oficio aparecen citados ambos en el Anuario del Comercio del año 1886, núm. 20 (pág. 1025).

La palabra «farola» es relativamente nueva en la lengua española. Se encuentra recogida por primera vez en la edición del Diccionario de la Lengua Castellana del año 1852 (pág. 323, 1), con el significado de «farol de mayor tamaño que el ordinario». De época mucho más antigua (siglo XVII) es conocido el término «farol». Se encuentra recogido por primera vez en la edición del Diccionario de la Lengua Castellana del año 1732 (pág. 722, 2), que se define del siguiente modo:

FAROL. s. m. Artificio formado de vidros, ù hojas delgadas y transparentes de madera del áire ù de papél, para que metida en él una luz alumbre los parages que se necessita, ò al que le lleva en la obscuridad de la noche.

Farola: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

Farola: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

En otra acepción del término «farol» encontramos un valor muy parecido a lo que hoy entendemos por «farola»: «FAROL. Se toma también por Luminária, formada de aros de hierro». Da el Diccionario después una descripción de esos faroles a partir de un testimonio literario:

En todas las plazas y calles estaban muchos palos altos hincados, con fároles de fuego encima, y tonéles de pez ardiendo, que hacían grandes lumbres».

Y, por supuesto, la existencia de farolas presupone que existiera ya un oficio de farolero dedicado a encender y apagar aquellos ingenios luminosos y del oficio de farolero, como fabricante y vendedor de faroles (DRAE). Aparte, tenemos un uso coloquial para este término que nada tiene que ver con el oficio:

Farolero. adj. coloq. vano, ostentoso, amigo de llamar la atención y de hacer lo que no le toca.

Ya no existe el oficio de farolero, porque las ciencias adelantan que es una barbaridad y las farolas ya no son como antes. Ahora, hay faroleros de los otros, de los del sentido figurado… pero eso ya es otro cantar.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO