Etiquetas

, , , , , , , , ,

El mundo del arte y de la cultura se vio sacudido en octubre de 1918 por un sonado robo en el Tesoro del Delfín, una de las principales colecciones del Museo del Prado. Se acusó del robo a uno de sus funcionarios, Rafael Coba, que  había entrado a trabajar en ese museo a comienzos de 1917. De este robo se hizo eco toda la prensa española de la época, y tuvo importantes consecuencias para la continuidad de la dirección del Museo por aquel entonces. Tras descubrirse el robo, Rafael Coba inició un periplo por diversos lugares del centro de España huyendo de la policía. Uno de los pueblos en los que recaló fue Campo de Criptana, donde tenía conocidos; y allí pasó casi completamente desapercibido. Tuvo, incluso, la desfachatez de jugar al tute con un guardia civil. De sus andanzas por Criptana nos da cuenta el periódico El Sol, año II, núm. 310, del martes 8 de octubre de 1918.

Rafael Coba estuvo en Campo de Criptana.

CIUDAD REAL 7 (12 a.).- De la estancia de Rafael Coba en el pueblo de Campo de Criptana se tienen algunos datos. En la fonda donde estuvo alojado dio un nombre supuesto. Allí, en el pueblo, visitó a un individuo con el que había servido en el Ejército, y al que dijo que su viaje obedecía a asuntos de juego. Se ha sabido, después de su marcha, que en Campo de Criptana dejó pignorado un gabán en doce pesetas y también se ha comprobado que estuvo en una farmacia para comprar pastillas de sublimado, y que no le quisieron vender sin receta. También dejó en Criptana una maleta de viaje. La impresión dominante es que Coba debe hallarse en algún pueblo próximo.

El gran robo al tren

El gran robo al tren

La información se completa con la noticia que publica El Liberal, año XI, núm. 14.181, del 15 de octubre de 1918. El 12 de octubre había sido detenido junto a otros celadores del Museo, por lo que el periódico reconstruye todas las aventuras de Coba desde el momento del robo hasta su detención. Respecto a su paso por Campo de Criptana dice esta noticia lo siguiente:

Fue á Criptana, y allí se enteró por El Liberal, de que eran conocidas sus señas personales y su indumentaria, decidiendo transformarla en lo posible. Un amigo suyo, con quien sirvió en el ejército, le dió 15 pesetas, con las cuales compró unas alpargatas blancas y una boina tirando en el campo las botas que llevaba y los pedazos de su sombrero. Luego marchó a Alcázar, en cuya estación se cruzó con el jefe de Policía, Sr. Escribano, sin que éste le viera o pudiera reconocerlo. Cuando volvió a Criptana estuvo en un café jugando al tute con un guardia civil, al cual le ganó unas pesetas, que le sirvieron para continuar ocultándose. De allí, pasó a La Carolina

Era Coba un auténtico ladrón de guante blanco, aunque, al parecer, no demasiado inteligente. Sobre su personalidad publica El Año Artístico, 1919, pág. 303, que era «de tipo y vida chulescos, que alterna en el mundo heteroclítico de los bajos fondos sus vicios, su vagancia y su estupidez…» Por el robo, solo fue condenado por encubrimiento a seis meses de arresto. Hablemos ahora sobre el objeto del robo. Fue una de las colecciones más importantes y valiosas del Museo del Prado: el Tesoro del Delfín, que había sido propiedad del hijo de Luis XIV de Francia y padre de Felipe V. Está compuesto de numerosas piezas de los siglos XVI y XVII: orfebrería, piedras preciosas, cristal, cofres, copas, etc.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO