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Lo que queda del pasado (Cuadro "Ruinas"): Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Lo que queda del pasado (Cuadro «Ruinas»): Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

No salimos en los últimos artículos del siglo XIX criptanense. A lo mejor tenemos querencia por esta época. A lo mejor, no; con toda seguridad. Reconozco que es época por la que siento gran predilección precisamente por la razón a la que aludí en otro momento: porque quienes aparecen en ella son algo más que una parte de la historia; son, realmente, casi, casi familia, no sólo mía, sino seguramente, también, tuya, lector, que asiduamente sigues estos escritos. Y por ello seguimos hoy también en ese siglo XIX que tantas imágenes y evocaciones nos trae a la mente, y tantos pensamientos, y tantas recreaciones de cómo pudo ser Campo de Criptana, tantas, tantas, que casi podríamos suplir con la imaginación la falta de imágenes de la época, de fotografías, de dibujos, de bocetos… Puede quizá sea mejor. Sólo la imaginación. Dejémosla que vuele libre. Nos lo podemos permitir. No nos limitemos a una fotografía inexistente, o un dibujo que nunca se hizo, o un boceto que los avatares de la historia perdieron para siempre. Dejemos que la imaginación vuele libre; no dejemos que la imagen nos prive del placer de la evocación, porque una palabra, una frase, un concepto la pueden despertar, igual que de una chispa puede surgir un gran fuego, como dijo Filón de Alejandría sobre el carácter levantisco de los alejandrinos de los primeros años de nuestra era.

Nos vamos pues a los años centrales del siglo XIX, a 1856, para ser más exactos y veremos qué costaban algunos productos en aquellos tiempos. Hemos encontrado en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real del 23 de junio de ese año un anuncio del Ayuntamiento criptanense que hace pública la subasta para arrendar la venta al por menor en puntos públicos para el segundo semestre de 1856, según era costumbre y seguiría siendo hasta los primeros años del siglo XX. Incluye el anuncio una serie de productos, o «especies», como se denominan en el texto, que suponemos de primera necesidad, con el precio de cada uno. La subasta se podía hacer en conjunto o por «especies», aunque esta última modalidad sólo se admitiría en segunda sesión si en la primera nadie pujaba por las «especies reunidas». Veamos ahora cuáles eran estas especies:

Vino común del reino 2 rs. arroba. 2.000 reales.

Rembrandt H. van Rijn: El buey desollado (1655). París, Museo del Louvre

Rembrandt H. van Rijn: El buey desollado (1655). París, Museo del Louvre

Aguardiente y licores de todas clases y grados á 8 1/2 rs. arroba: 1.700 reales.

Aceite de oliva 3 rs. arroba. 6.000 reales.

Jabón duro 7 mrs. en libra. 1.029 reales y 42 maravedís.

Carnes muertas de todas clases 4 mrs. libra. 6.000 reales.

Tocino fresco, manteca y embutidos que venga de fuera á 6 mrs. id. 530 reales.

Tocino salado y manteca id. á 8 mrs. 1.000 reales.

Cerdos cebados á 15 rs. cada uno. 6.000 reales.

La cantidad total era de 24.259 reales con 42 maravedís. El primer remate se celebraría el día 24 de ese mismo mes de 10 a 12 de la mañana. Está firmado el anuncio en Campo de Criptana, el 18 de junio de 1856, por el alcalde presidente, Gregorio Baíllo, y por el secretario, Mariano Fernández Montes. Que aproveche…

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO