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Casa del conde en tarde de lluvia: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (1994)

Casa del conde en tarde de lluvia: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (1994)

En este ir y venir de temas en el que andamos en los últimos días, volvemos hoy al corazón de Campo de Criptana, porque no en otro lugar de esta localidad, sino en el corazón mismo, en su Plaza Mayor, está enclavada la casa que fue del que será protagonista de este artículo, al igual que lo fue en aquel, publicado hace 98 años, en el que nos inspiramos hoy. En efecto, la casa esa que se halla ubicada en la Plaza Mayor, la de ese caserón de largo balcón corrido que a veces parece desafiar a la gravedad, esa de muros de un naranja subido… sí, es la casa del Conde de las Cabezuelas. Será el protagonista de este artículo él, quien en 1917 ostentaba el título de Conde de las Cabezuelas, el VIII conde, Ramón María Baíllo y Baíllo. Un curioso artículo publicado en el periódico pacense Correo de la mañana, año IV, núm. 1015, del 6 de febrero de ese año, con el título El excelentísimo señor conde de las Cabezuelas, bienhechor de la Humanidad nos dará pie para ello. Firma un tal Eulogio Montero, en Llenera, en enero de 1917.

Nos encontramos de nuevo, como en otras ocasiones nos ha ocurrido en este blog, con un escrito del género panegírico, una alabanza, un elogio a alguien por sus méritos. En este caso, el panegírico va dirigido al VIII conde de las Cabezuelas. Las razones, las veremos hoy en los días sucesivos, porque es enjundioso este artículo del Correo de la mañana y porque es muy largo. Veamos, pues, algo de lo que se nos dice en él, dejando el resto para los días sucesivos. Comencemos, pues:

Los vecinos de Campos (sic) de Criptana – Ciudad Real – pondrán cuando fallezca este señor conde en la plaza de pueblo una estatua con la efigie de hombre tan magnánimo, y bajo de ella, un rótulo como el que aparece en el presente escrito.

Y dirá el curioso lector: ¿Qué méritos está contrayendo en vida aquél noble señor para que sus paisanos le dediquen esta perpetua memoria? Voy a reseñarlos.

Y entra de lleno ahora el autor del artículo en una de las razones para este despliegue de elogios:

Al tener noticia el mencionado señor conde (y verlo con sus propios ojos) de que los niños hijos de padres pobres iban descalzos y harapientos a la escuela, pidió y sigue pidiendo todos los años a los maestros de ambos sexos una relación e las prendas de vestir que les son necesarias para que aquellos infelices cubrieran sus carnes; y no satisfecho con lo que les piden los profesores, va personalmente al Templo de la Ciencia y se persuade indubitadamente de haberse cumplido su mandato sublime y benéfico, ampliando algo lo que le fué pedido, y desarrollándose una patética escena cuando aquellas criaturitas saltan de sus asientos y se afanan por ser los primeros en besar la mano de su bienhechor.

Hasta aquí hoy la primera parte de este encendido elogio condal.  Respecto al autor del artículo, su nombre completo era Eulogio Montero Santarén (o Santarem) y dejó escrita una Monografía histórico-descriptiva de la ciudad de Llerena (1900).

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO