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Árboles que cuentan historias: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Árboles que cuentan historias: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Da para mucho la historia del árbol en Campo de Criptana, sus aventuras y desventuras en una tierra tan seca como La Mancha, donde, quizá más que en ningún sitio, tendría que ser siempre bienvenido, valorado y mimado. Y quien dice árbol, en este caso, dice cualquier tipo de planta, porque hasta la más pequeña, hasta la más diminuta tiene su lugar en la naturaleza y su papel en el ciclo de la vida. Del tema tratado en el artículo de ayer nos quedaron algunas notas sueltas, como escondidas, en el fondo del cajón (véase: Historias de árboles, Campo de Criptana 1883-1890). Las recogeremos hoy centrándonos en el periodo que va del año 1890 al de 1896, y utilizaremos también como fuente las noticias que nos proporcionan los extractos del ayuntamiento criptanense que se publicaron en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real (BOPCR a partir de ahora).

1890

Árboles y más árboles: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Árboles y más árboles: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Comenzamos con el año 1890, precisamente el año en que lo dejábamos ayer. Ya venía desde hacía unos años el ayuntamiento preocupándose por plantar árboles y plantas diversas para ornato de la localidad, y, como decíamos ayer, para solaz de los ciudadanos. Y se dio un paso más, y de arbolar los paseos se pasó a otros espacios. Así, el 13 de marzo el ayuntamiento en sesión extraordinaria decidió, según se nos dice en el BOPCR del 23 de abril de 1890:

Adquirir plantaciones de obónibus (sic) y rosales que se han hecho en la parcela del Convento del Carmen, y poner cuatro bancos rústicos, así como hermosear aquel lugar.

Por supuesto, aquí «obónibus» es un error por «ebónimus», o, más correctamente, «evonimus», planta muy usada con fines ornamentales. Hay muchas referencias en aquellos tiempos a la «parcela» del Convento del Carmen, un vacío que ni el Ayuntamiento criptanense ni los criptanenses mismos supieron nunca cómo llenar, ni qué hacer con él. Hay vacíos que no se llenan tan fácilmente; algunos, de hecho, nunca se logran llenar y quedan como heridas abiertas en los pueblos, como recuerdos que parecen olvidados pero, realmente, nunca se olvidan.

1891

Árboles, árboles y más arboles: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Árboles, árboles y más arboles: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

El año siguiente, en 1891, volvió el ayuntamiento criptanenses a interesarse por cuestiones relacionadas con los árboles, y fue en dos ocasiones. La primera fue en la sesión ordinaria del 19 de enero, cuando se acordó «reponer todo el arbolado destruído por el temporal ú otras causas» (BOPCR del 19 de enero). La segunda fue cuando en sesión ordinaria del 4 de mayo de 1891 se autorizó «el transplante del arbol-acacia» que originaba perjuicios a la bodega de Eduardo Pizarro (BOPCR del 15 de junio de 1891). Un Eduardo Pizarrro encontramos citado como veterinario en Campo de Criptana en el Anuario del Comercio, núm. 20, de 1886 (pág. 1026). Resulta reconfortante que ya por aquella época hubiera tal preocupación por los espacios verdes y por los árboles.

1895

Olivos de Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Olivos de Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Y pasamos ya al año 1895, porque en ese caso la preocupación del ayuntamiento tuvo tintes claramente económicos, en este caso los olivares que, seguramente, al igual que hoy día, sembrarían aquí y allá las sierras de Criptana, como un mar interminable. En esto Criptana tiene suerte, porque no tiene un mar, sino dos, uno al norte, de olivos, olivos y olivos, y otro al sur, de viñedos, viñedos y viñedos, interminables en la llanura. Y como cuando se da una mano hay quien se toma el brazo, tuvo que tomar medidas el Ayuntamiento en la cuestión de la recogida de la aceituna; había quienes, sin duda, entendían el concepto de «rebuscar» en su sentido más lato, y de «rebuscar» a «cosechar» había un paso, y hubo quienes, sin duda, lo dieron. Así, para poner coto a esta situación, en la sesión ordinaria del 30 de diciembre de ese año, el ayuntamiento acordó, según se nos dice en el BOPCR del 8 de enero de 1896:

… también que se publique bando prohibiendo en absoluto la rebusca de aceituna hasta que esté levantada la cosecha.

1896

Finalmente, haremos referencia a una última nota sobre arbolados, ya casi en aquel año en que ya había comenzado inexorable la cuenta atrás para el final del siglo XIX. De nuevo, el ayuntamiento vuelve a mostrar una gran sensibilidad filodéndrica, y por ello mandó en sesión ordinaria del 20 de enero (BOPCR del 6 de marzo):

Adquirir las plantas necesarias para reponer las inútiles de las carreteras y paseos de la villa.

Árboles: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Árboles: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Fueron quizá aquellos años, los del periodo sobre el que escribíamos ayer, y los años sobre los que hemos escrito hoy, decisivos para la transformación de la imagen de Campo de Criptana a finales del siglo XIX.

Recordemos que en 1885 aún era esta localidad un pequeño casco urbano, sin apenas lugares abiertos que pudieran albergar con holgura espacios verdes, con la excepción de algunas plazas que eran, también, por cierto, muy pocas y no muy amplias. Fue con la expansión urbanística y el trazado de nuevos paseos, como el de la Estación, cuando se comenzó a sentir la necesidad de crear espacios verdes y de arbolado, así como pequeños jardines. Un ejemplo de esto último puede ser el de la parcela del Convento del Carmen a la que antes hemos referencia.

Hemos hablado, pues, de historias de árboles, de árboles del pasado, algunos de los cuales, posiblemente, aún se mantienen erguidos y desafían al paso del tiempo. Dicen algunos epitafios al caminante: «Lo que eres fui, lo que soy serás». Podrían decirle los árboles al caminante:

Lo que eres fui, lo que fui sigo siendo, lo que soy seré, lo que fuiste, pronto, no lo serás… pero yo seguiré aquí, inmutable, como el tiempo. Yo veré cada día el amanecer y cada noche el atardecer, y el pasar de las estaciones… pero tú no serás ya nada, nada más que polvo y ceniza.

Ruinas y árboles: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Ruinas y árboles: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Si los árboles hablaran… cuánto nos podrían contar, cuánto bueno, y cuánto malo, cuántos secretos, cuántas confidencias, cuántas conversaciones habidas a su sombra en esos días de verano de otros tiempos que recordamos en sepia y en blanco y negro. Si los árboles hablasen…

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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