Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Interrumpimos por un tiempo la serie dedicada a los apellidos criptanenses y volvemos hoy a una serie dejada inconclusa hace ya mucho tiempo. El pasado 3 de agosto publicábamos el último artículo de la serie del «monopoli» criptanense, dedicada en ese caso a la calle Alcantarilla. Era la entrega número XXVIII (El «monopoli» criptanense, Campo de Criptana, 1900; XXVIII: La Calle Alcantarilla).

Nos ha parecido oportuno hoy retomar esta serie para que no quede en el olvido, esta serie que tantas satisfacciones nos ha dado, que tanto nos ha descubierto sobre la maraña social criptanense de los años finales del siglo XIX. No está agotada, por mucho que así se pudiera sospechar dada la gran cantidad de artículos que se le han dedicado. Quedan todavía calles que tratar, queda todavía mucho que recorrer, queda todavía mucho que rememorar de aquellos tiempos… queda mucho, en fin, de imaginar cómo era el Campo de Criptana de hace algo más de un siglo, de recrear cómo se vivía.

Partimos, como es de rigor, del plano de 1885, cuando Campo de Criptana era un pueblo recoleto, con forma de piel extendida, con algunas calles que casi, casi, querían salir hacia el campo y hacia las llanuras. Era por aquel tiempo la Calle de Alcázar última frontera criptanense hacia el occidente y no hace falta explicar el porqué de su nombre. Era esta calle por aquel tiempo la salida natural de la localidad hacia el viejo camino de Alcázar de San Juan, antes de que las nuevas carreteras acortaran con sus rectas los itinerarios.

Era corta por aquel entonces esta calle. Arrancaba donde hoy, en la convergencia con las calles Valenzuela y Doña Aña y transcurría hacia el noroeste, cruzaba Pastrana al norte, y la que luego sería calle Sol al sur, entonces aún un proyecto, y llegaba hasta la confluencia con la calle de Moreno, actual Veracruz. Hasta ahí llegaba por aquellos años esta calle. Más allá, infinitud, campos y eras, muchas eras, algunas de las cuales aún se conservan  impasibles como testigos mudos de trabajos y faenas de otros tiempos y, sobre todo, como monumentos fruto del esfuerzo de los antepasados.

Vamos ahora a saber los nombres de algunos de sus habitantes en el siglo XIX. No es la calle Alcázar de las que concentrasen mayor número de contribuyentes electores. De los 282 censados en Campo de Criptana en 1877 sólo tres vivían en ella, según nos dice el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real del 9 de noviembre de ese año.

núm. 2: Jerónimo Jiménez Chiquin Galindo, propietario. 62,73 ptas.

núm. 3: Isidro Vela Pérez Bustos, propietario. 40,35 ptas.

núm. 11: Antonio Llabrés Berenguillo, propietario. 45,80 ptas.

Centrémonos ahora en el primero, en Jerónimo Jiménez Chiquin Galindo. Es extraño entre sus apellidos el de «Chiquin». Me viene en este caso a la memoria aquel Manuel Alberca Capazorras Olmedo del que hablábamos unos días. Era ese «Capazorras», en nuestra opinión, el mote del susodicho que se había infiltrado en la documentación oficial (véase: De apellidos y nombres, I: Alberca; Campo de Criptana 1877). Pensamos, del mismo podo, que aquí «Chiquín», necesariamente con tilde, es también un mote infiltrado entre los apellidos de Jerónimo Jiménez. Corrobora esta hipótesis un dato. Años después, en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real del 8 de enero de 1883 el «Chiquin» ha desaparecido en el nombre de Jerónimo Jiménez.

Aquí lo dejamos por hoy. Seguiremos mañana hablando sobre la calle de Alcázar.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO