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La leyenda dice que, a quien rece cada día a San Pascual Bailón, le avisará este santo poco antes de que la Parca le fuerce a cruzar la Estigia, es decir, poco antes de la hora de la muerte. Y lo hará con tres golpes. En caso de estar sumido en un sueño excesivamente profundo, por mucho empeño que se haya puesto en la oración, puede que sea imposible oír golpes de este santo. Y los de ninguna otra cosa, incluido el pitido de un tren.

Esto es precisamente lo que pudo haber ocurrido, muy hipotéticamente hablando y sin salirnos del marco más puro de la especulación, en la historia de hoy. Habrían sido infructuosos los esfuerzos de San Pascual por avisar de su muerte un criptanense, llamado Ignacio Sánchez Mateos, que, al parecer, cayó presa del sueño y eligió el lugar menos indicado para dormir. Santa Teresa dormía, al parecer, con un tronco de madera como almohada. Puede parecer incómodo, muy incómodo, pero es, al menos seguro y, como mucho, el resultado puede ser un molesto dolor de cuello. En cambio, la “almohada” del criptanense no parece haber sido la más acertada: el raíl de la vía del ferrocarril. He dicho que no parece haber sido lo más acertado; quizá debiera haber dicho que fue una elección funesta, letal o mortal, para no andarme corto en la elección de adjetivos que puedan definir un hecho como éste.

Cómo ocurrieron los hechos nos lo cuenta una breve noticia publicada en el periódico El Imparcial, año XXXIX, núm. 13.822, del lunes 18 de septiembre de 1905. Fue enviada por telégrafo por un corresponsal que firma “Martínez”, desde Alcázar de San Juan, el día antes a las 8:25 de la noche, y lleva por título Víctima del tren. Dice así:

El tren mixto número 9 de Valencia ha arrollado á un hombre en el kilómetro 151, entre esta estación y la de Criptana.

Se supone que aquel hombre se sentó á descansar y fumar un cigarro en el balastro, y que como padecía enfermedad de sueño, se quedó dormido, cayendo su cabeza sobre el raíl.

El maquinista hizo sonar el pito varias veces sin que el hombre atendiera, y no pudiendo parar el tren se produjo el atropello.

El atropellado se llama Ignacio Sánchez Mateos, y es casado y de oficio yesero. Era muy estimado en el pueblo.

Deja tres hijos.

Ésta es la noticia sobre el suceso. Una versión más breve encontramos publicada en el diario El País, año XIX, núm. 6.619, del martes 19 de septiembre de ese mismo año, con el título Arrollado por un tren. Omite la suposición de que la víctima padeciera la enfermedad del sueño, y dice de forma muy escueta lo siguiente:

Ignacio Sánchez Mateos, casado y con tres hijos, entre esta estación y la de Criptana, en el kilómetro 151, ha sido arrollado por el tren número 9 de Valencia, que lo dejó muerto en el acto.

Dice el primer texto que Sánchez Mateos padecía la “enfermedad del sueño”. Aquí no se refiere esta expresión a esa peligrosa plaga que porta la mosca tse-tsé y es enfermedad endémica en regiones cálidas de África; creo, más bien, que puede ser una denominación popular de la narcolepsia, o síndrome de Gelineau. Es una enfermedad rara, pero puede ser muy grave y, sobre todo, dar lugar a situaciones que pueden poner en grave riesgo la vida del afectado, como en la historia de hoy.

Hay un término en la primera noticia que requiere una explicación: “balastro”. El DRAE lo recoge en las ediciones publicadas entre 1936 y 1992, pero acaba remitiendo a la forma “balasto”. Es este vocablo un préstamo inglés, asociado al ferrocarril, y su significado es:

Capa de grava o de piedra machacada, que se tiende sobre la explanación de los ferrocarriles para asentar y sujetar sobre ella las traviesas.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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