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Alfred Agache: La Fortuna (1885). Lille, Palais des Beaux Arts

Alfred Agache: La Fortuna (1885). Lille, Palais des Beaux Arts

Hay que ver cómo son las cosas del destino, cuántas sorpresas nos deparan, cómo nos llevan y nos traen por caminos tortuosos unas veces, rectos otras, desconocedores siempre nosotros de lo que habrá al final. Viene esto a cuento de la frase con la que acabábamos el artículo de ayer: “Ahora sí damos por concluido el tema” (véase: Ferias, fiestas, saraos, verbenas y más cosas, Campo de Criptana, 1943, V. Epílogo). Al escribir esto pensábamos ayer cambiar de tema hoy, y cambiar de año, y, a lo mejor, incluso trasladarnos del mundo de la diversión, de las fiestas y de los saraos a las tenebrosas nebulosas de la crónica negra criptanense, pasando, quizá, por el listado de contribuyentes electores de finales del XIX en alguna calle criptanense, alguna de esas pocas de las que aún no nos hemos ocupado debidamente en la serie del “monopoli”.

Concluimos ayer el tema de las ferias y fiestas criptanenses de 1943. Sí y no. Propiamente, dimos por acabado lo referente a los festejos que componían el programa de ferias, festejos mundanos y religiosos. Nos queda mucho más de que hablar, porque, como ya dijimos en su momento, el periódico Lanza, en el núm. del 3 de septiembre de 1943 publicó un amplio publirreportaje sobre Campo de Criptana, y el programa de festejos era sólo una parte pequeña de él. Hay mucho más material sobre Criptana en este publirreportaje que nos permite de forma privilegiada volver nuestra vista a aquel año y observar atentamente por la mirilla del tiempo cómo vivían entonces los criptanenses. Las ferias y fiestas eran, posiblemente, el momento adecuado para poner de actualidad las excelencias de Criptana, y el periódico Lanza lo hizo en aquella ocasión.

Y nos vamos a fijar hoy en lo que nos dice este periódico sobre la vida económica de Campo de Criptana en una sección titulada El Comercio y la Industria. En ella se incluye un listado de los principales comercios y empresas de la localidad que merecían “especial atención”. Veamos ahora, por secciones, cuáles eran:

Tejidos y paquetería: Santiago Olivares Sepúlveda; José Ramón Castillejos Hurtado; Vda. de Iluminado García; Adolfo Bernalte Garví; Aurelio López García; Higinio Torrente Peinado.

Coloniales y ultramarinos: Francisco Aguilar Calzado; Abundio Escudero Martínez; Claudio Jiménez Simón; Julián Perea; Francisco Perucho; José María Quiñones López.

Panaderías: Emilio Sepúlveda Muela; Jesús Alarcos; Juan Bautista Méndez; Prudenciano Manjavacas; José Manzaneque.

Gabriel Metsu: Mercado de verduras en Ámsterdam (1660-1662). París, Museo del Louvre

Gabriel Metsu: Mercado de verduras en Ámsterdam (1660-1662). París, Museo del Louvre

Carnecerías (sic): Patricio Cruz Sepúlveda; Francisco Cruz Escobar.

Pescados y frutas: Juan Antonio Lucas Martínez; Manilio Muñoz Manzaneque; José Ríos Martínez.

Exportadores de vinos y bodegas: Francisco Montoro Redondo; Leal y Montserrat S. A.; Francisco Girona Lladó; Francisco Selma Carrillo; Leopoldo Simó Requena; José Simó; Domingo Esteso Maldonado; Félix Azpilicueta; Vda. de Eugenio Casarrubios; Viuda de Fernández Baldor; José Acha; Salvador Amorós.

Transportes: José Vicente Arteaga; José Vicente Bustamante; Domingo Flores.

Talleres mecánicos, herrería y carpintería: Ruperto Galindo; Luis Esteso, Vicente García Casarrubios; Manuel Martín Molina.

Sastrería: Antonio Bustamante Rodríguez.

Zapatería: Viuda de Miguel Campos.

Victor Gabriel Gilbert: Mercado en Dieppe

Victor Gabriel Gilbert: Mercado en Dieppe

Tonelería: Antonio Marchante Charco.

Hojalatería: Francisco Cuadra.

Helados finos: Julio Agudo Manzaneque.

Bares: Juan A. Alberca O. “Los Hermanos.

Molinos de piensos: Ángel Cobos; Francisco López.

Carbonerías: Ángel Serrano.

Fábrica de pastas: “Doña Honesta Manzaneque”.

Por supuesto, no están todos los que eran. Viene ahora la pregunta: ¿Quizá éstos son citados porque colaboraron económicamente para la publicación de este publirreportaje? No lo sabemos. Sería el único modo de explicar su presencia y la ausencia de otros. Muchos de estos establecimientos ya no existen; otros mantuvieron sus puertas abiertas hasta los años setenta y ochenta; unos pocos, aún mantienen su actividad. Seguro, lector, que conoces muchos de ellos; puede, incluso, que encuentres entre estos nombres a alguno de sus antepasados. Lamentablemente, han desaparecido del vocabulario gremial criptanense viejos nombres, como “abacería” y “tablajería”, que eran tan comunes en otros tiempos (véase: Abaceros y tablajeros, Campo de Criptana, 1900). Recordemos respecto a “carnecería” que era ésta la forma más usual en aquella época, en lugar de “carnicería” (véase: Campo de Criptana, 1946: Coloniales, calzados, frutas, “carnecerías”, pescaderías y más…).

Y no nos atrevemos a decir que con este artículo concluimos ya esta serie y este tema, porque nunca se sabe… A lo mejor mañana hablamos otra vez de uno de los temas estrella de este blog y uno de los que más satifacciones nos ha dado: la Biblioteca. Pero esto ya será mañana. Ya veremos.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO