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Por tierras manchegas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Por tierras manchegas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Y partieron los ocho de la OJE con sus nueve burros, y se encaminaron hacia las tierras manchegas de Don Quijote. Y hete aquí, que el segundo día apareció la lluvia, y les acompañó durante casi todo su recorrido. Así nos lo cuenta el periódico Lanza del 29 de diciembre de 1965. Digamos, antes de seguir, que el corresponsal del periódico iba diariamente recibiendo noticias del grupo por teléfono. Una novedad más de esta “ruta del Quijote”: el teléfono. Azorín escribía en su ruta crónicas diarias que enviaba al periódico El Imparcial, sesenta años antes. Ahora era el teléfono. Los nuevos tiempos siempre nos traen sorpresas como éstas.

El Lanza del día 30 nos informa ya sobre la llegada del grupo a Campo de Criptana el día anterior. Habían salido de Herencia a las diez de la mañana. Llegaron a Alcázar de San Juan a la una y allí fueron recibidos por el entonces alcalde de la localidad, Eugenio Molina, que, casualmente, había sido también miembro de la OJE y sabía bien lo que eran “las marchas y los campamentos”. En Alcázar visitaron el torreón de Don Juan de Austria, los mosaicos, el museo, la iglesia “donde fue bautizado Miguel de Cervantes” y más lugares. En un mesón de la localidad comieron:

… les fueron servidos manjares de la tierra y de la época: gachas, morcillas, chorizo, torreznos, ¡ah! y la famosa bizcochada.

Por el camino de Alcázar: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Por el camino de Alcázar: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

A las seis de la tarde partieron hacia su nuevo destino: Campo de Criptana. A medio camino les sorprendió una lluvia torrencial. Y llegaron a Criptana:

Ya en el pueblo de los molinos, los mandos de la OJE les acompañaron hasta la Casa de la Juventud donde descansaron y procuraron secarse del nuevo remojón, poniendo antes a los burritos a cubierto, echándoles un buen pienso.

Y se sucedieron los actos de agasajo a los viajeros:

Se les ofreció un vino de honor (cosa lógica estando en la región de los vinos mejores del mundo) y a continuación se dirigieron a la Casa Hogar de la Falange, donde les esperaban el subjefe provincial del Movimiento y el alcalde y jefe local, señor González Lara; otra copa de vino, esta vez acompañado de los estupendos “cordiales” y más folletos sobre lo que significó Criptana en el siglo de oro.

Campo de Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Campo de Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Hubo un homenaje en un hostal, con asistencia del delegado de Juventudes y algunos muchachos de la OJE y después, antes de irse a la ansiada cama, un coloquio y asistencia a uno de los ensayos de la orquesta de cadetes.
Y, como no podía ser de otra manera, fueron a visitar los molinos de viento:

A la mañana siguiente visita obligada a los molinos de viento, que retrataron como también es lo obligado, y salida hacia El Toboso por el camino vecinal que acorta la distancia. Iban a entrar en la cuna de Dulcinea.

Más tierras manchegas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Más tierras manchegas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Salieron a las diez y media de Campo de Criptana y llegaron a El Toboso no sin antes verse obligados a enfrentarse a los barrizales del camino, el tradicional, el de siempre, el de los antepasados, el de polvo en verano y barro en invierno, el que guardaba aún los carriles de siglos y siglos de trasiego de caminantes, de viajeros, de carros y carretas que iban y venían de Criptana a El Toboso. ¿Estaría Don Quijote, también, entre ellos? ¿Habría elegido este camino como escenario de sus aventuras? Quizá sí, o quizá no, no lo sabemos, porque hipótesis como éstas son tremendamente aventuradas cuando se habla de literatura, de una novela en la que tiempo y espacio son relativos.

Como ya hemos dicho alguna que otra vez, hay tantas “rutas de Don Quijote” como viajeros y tantas aventuras como caminantes. Vendrán ahora algunos, quizá, a apropiarse de festividades y centenarios en nombre de la cultura, a querer canonizar una ruta determinada, tal o cual, y se pretenderá que tenga valor de ley. No lo permitamos: la convertirán en mero objeto turístico con sus grandes despliegues de presupuestos, y de vistosas y polícromas cartelerías, y de instalaciones que, en poco tiempo, se revelan inútiles. La experiencia ya ha demostrado que todo eso no sirve para nada y que lo legal no tiene por qué ser ni ético ni moral; es más, a veces no lo es. La “ruta de don Quijote” es de los caminantes y de los viajeros, no de las autoridades, ni de los políticos, ni de empresas, ni de instituciones. La “ruta del Quijote”… para el que la camina.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO