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Pozos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Pozos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

El abastecimiento de agua llegó a Campo de Criptana de 1912 (véanse: ¡Agua!… por fin, Campo de Criptana 1912, I; ¡Agua!… por fin, Campo de Criptana 1912, II; ¡Agua!… por fin, Campo de Criptana 1912, III; ¡Agua!… por fin, Campo de Criptana 1912, IV; y ¡Agua!… por fin, Campo de Criptana 1912, V). Hasta entonces, se abasteció Campo de Criptana de pozos y manantiales. No era La Mancha ese paraje árido y reseco, de riachuelos que no eran más que hilillos de agua, que el francés Onésime Reclus describe en su Manuel de l’eau, suite et complément du Manuel de l’Arbre pour servir à l’enseignement sylvo-pastoral dans les écoles (París, finales del XIX o comienzos del XX) (véase: El geógrafo francés Onésime Reclus y La Mancha, Campo de Criptana, finales del s. XIX, I: Historia del agua y los molinos de viento). Y Campo de Criptana tampoco.

El Diccionario Geográfico Universal, dedicado a la Reina Nuestra Señora, Barcelona, Imprenta de José Torner, tomo II, 1831 (pág. 463), dice de Campo de Criptana que:

… su término abunda en aguas y tiene un gran manantial, llamado de los Pozos Nuevos.

No sabemos dónde estuvieron estos pozos, pero buscando otros no hace falta indagar mucho para descubrir de dónde bebieron su agua los criptanenses durante siglos. No faltan en Campo de Criptana pozos, en el pueblo y en sus alrededores; no faltan tampoco manantiales e incluso tuvo Campo de Criptana hasta no hace mucho un Caz que en verano mantenía su cauce vivo (véanse: El Pozohondo y el Caz, Campo de Criptana 1890-2013; y Vagos recuerdos del Caz, Campo de Criptana. 1956-1957). En el mismo Pozohondo nos dice Pascual Madoz en su Diccionario Geográfico Estadístico-histórico de España y sus posesiones de Ultramar, tomo V, Madrid 1849 (págs. 371-372) que había:

… un espacioso cementerio al O. construido en 1805 á espensas de la parr., el cual tiene entrada por una de las ermitas; á 200 pasos hay una fuente perenne de agua esquisita que en tiempos húmedos puede surtirse al pueblo entero.

En el Pozohondo... allí donde vivió el Caz: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

En el Pozohondo… allí donde vivió el Caz: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

¿Se refiere Madoz quizá cuando habla de esta fuente a los pozos que dan nombre a la plaza o quizá al Caz? Nos dice Madoz, además, que había nueve pozos de «agua delgada y saludable» en los alrededores del pueblo (véase: Pozos, fuentes y agua en Campo de Criptana, 1849-1897). La toponimia criptanense abunda en términos hidrológicos, como Pozohondo, Poza del Cabrero, Fuente del Caño, y también Fontanilla, nombre no viene sino de «fontana» («fuente») en diminutivo, quizá porque donde hoy está la calle hubo antes «hontanillas», que no es sino una forma alternativa de «fontanilla» (véase: El «monopoli» criptanense, Campo de Criptana, 1900, XIII: La calle de la Fontanilla). Pero no vamos a insistir aquí en las toponimias hídricas criptanenses, porque ya de ellas hablamos en otras ocasiones con detalle (véanse los diez artículos de la serie «Toponimias hídricas«).

De otras fuentes de Campo de Criptana se dice que son de «agua agria», denominación que, según el DRAE, hace referencia al agua «mineral que lleva en disolución ácido carbónico». También se conoce a este tipo de agua como «acídula». Precisamente, las «aguas acídulas» del Pozo del Marco de Campo de Criptana fueron objeto de un análisis cuya referencia se publicó en la Bibliografía hidrológico-médica española (Madrid 1897, 2ª parte, pág. 359), de Leopoldo Martínez Reguera. Hagamos referencia, además, a las «aguas salobres» cuyo contenido en sales las hace inadecuadas para el consumo, que también se dan en Campo de Criptana. No en vano, uno de sus arroyos lleva por nombre «Vertiente del Salobral» (véase: De ríos, arroyos y canales, Campo de Criptana 2014, II: La Vertiente del Salobral).

Tanto va el cántaro a la fuente...: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Tanto va el cántaro a la fuente…: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Y para finalizar, recordemos que antes de que llegara el abastecimiento de agua a Campo de Criptana, existía la figura del «aguador», es decir, de quien se dedicaba a transportar agua en cántaros desde los pozos de los alrededores para venderla en la localidad. Y estaba aquel agua fresca. En su viaje por La Mancha el francés nacionalizado norteamericano Augusto Floriano Jaccaci (1857-1830) pasó por Campo de Criptana y nos cuenta cómo fue su encuentro con un aguador cerca de un molino (On the Trail of Don Quixote, Being a Record of Rambles in the Ancient Province of La Mancha, Nueva York, 1896: traducción española de Ramón Jaén: El camino de Don Quijote, por tierras de La Mancha, Madrid 1915, págs. 132-134):

Cerca de un molino paramos para preguntar a un aguador por el camino más corte. ya informados, preguntó Ezequiel:

– Hermano, ¿es agua lo que usted acarrea?

– Sí, señor, y fresca; ¿quiere usted?

– No, gracias; aún llevamos la botella llena.

– ¡Cáscara! Pero estará caliente. Llénela usted de la mía – contestó el hombre.

Y llenamos la botella de agua fresca.

Así fue el encuentro de Jaccaci con el aguador criptanense allá por finales del siglo XIX y así fue como bebió agua fresca de Campo de Criptana (Véase para el diálogo completo y más detalles: Viajeros en Campo de Criptana: Augusto Floriano Jaccaci y el aguador, 1890).

Terminamos aquí este artículo y ponemos punto y final también a esta serie dedicada al Criptana de 1831.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO